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Gilberto Santa Rosa. Biografia oficial

Fuente:www.GilbertoSantaRosa.com


Voz sonora que cruza generaciones

En el pentagrama musical caribeño, Gilberto Santa Rosa es, sin duda, el cantante salsero que más arraigo nacional e internacional ha ganado en las últimas décadas.

La constancia de su ejecución artística ha servido para imprimirle un nuevo impulso a la salsa, contribuyendo a la revolución del género y a su despunte en el mercado internacional.

Su trabajo artístico se ubica en el tránsito de dos épocas gloriosas para este movimiento musical. Por un lado, tiende un puente entre generaciones al ser custodio de un sonido cadencioso, acorde con los patrones rítmicos de la salsa de la décadas de 1960 y 1970, a la vez que se enriquece con las nuevas fórmulas sonoras que modifican el género a partir de los años 80.

De esa manera, logra establecer un modelo rítmico que, en tiempos recientes, ha alcanzado la distinción del género y ha funcionado como receta en las propuestas musicales que han desarrollado nuevos talentos.


A Gilberto Santa Rosa le despertó su afán por el arte de la canción desde su niñez, cuando disfrutaba de ver en la televisión las presentaciones de El Gran Combo de Puerto Rico, deleitándose con sus canciones, formas interpretativas y bailes. La cadencia y el sabor que imprimía la musicalidad de la agrupación comandada por el pianista Rafael Ithier fueron cruciales en su desarrollo y formación musical.

El espléndido vocalista, que nace el 21 agosto de 1962 en el pueblo de Carolina (Puerto Rico), tuvo su primera aparición artística mientras cursaba sus estudios primarios en la escuela elemental ángel Ramos, en el sector de Country Club de su pueblo natal. Allí se lanzó al ejercicio de la comedia, acto que deleitaba de ejecutar imitando las parodias del famoso dueto de “Bachiller y Pancholo”.

Poco después tuvo su primer deleite formal con la música al formar un dúo con su compañero de clases Jesús “Cheíto” Cruz, interpretando boleros.

Desde su infancia, el denominado “Caballero de la Salsa” cultivó una sesuda madurez que, en poco tiempo, transformó al niño en una sagaz figura musical. En el esplendor de su adolescencia ingresó a la Escuela Libre de Música de San Juan, atraído más por la idea de estar entre músicos que de convertirse en uno de ellos. Allí comenzó estudios de saxofón y trompeta, aunque siempre estuvo seducido por el sonido de las tumbadoras.

Fue, precisamente, en esa época en que logró su primera actuación como cantante durante un programa de televisión navideño que produjo Papo Pérez para la cadena de televisión Pérez Peris (canal 11) y que se emitió el 6 de enero de 1975. En ese entonces, el pequeño Gilberto apareció en el programa “Los Reyes Modernucos” cantando el tema que originaba la transmisión.

De ahí, apercibió un futuro distinto, más cercano a la posibilidad de convertirse en cantante. Se lanzó a crear su primer grupo musical junto a su amigo Pedro Morales Cortijo (“Don Perigñon”) cuando apenas contaba con 13 años de edad. El grupo se conoció como La Evolución 65, luego la orquesta La Potencia, y solían tocar en las fiestas de sus amigos construyendo un repertorio original de las canciones que no se cantaban en la radio.

En cambio, su primera oportunidad de lujo la obtuvo durante una edición del Festival de la Juventud que organizaba el Municipio de San Juan en las facilidades de El Morro y que conducía el comediante Alberto Rodríguez Torres (“Machuchal”). La presencia del joven cantante deslumbró a la audiencia y comenzó a sentar presencia en la escena artística que más adelante se convertiría en su centro de desempeño laboral.

En 1966 el grupo La Potencia se disolvió, hecho que facilitó un nuevo tránsito musical en la vida del joven cantante.

Reconocido como uno de los talentos más prometedores de la canción popular, en 1967 Gilberto Santa Rosa fue reclutado por el veterano músico Mario Ortiz para participar de la grabación del disco “Borinquen Flame”, interpretando los temas “Palo de caña brava”, “Los rosales” y “Regálame tu amor”. En esa producción trabajaron los destacados músicos Elías Lópes, Juancito Torres, Polito Huertas, Eladio Pérez, Tony Sánchez, Mauricio González, Rafi Torres y René Hernández.

Tras esa grabación, y considerando que el proyecto no despuntó como se esperaba, el joven vocalista aceptó una invitación del director de la orquesta La Grande, José Canales, para formar parte de su agrupación. Antes, había sido persuadido por el director de la Latin Brass para sustituir al vocalista Jerry Rivas.

Su ingreso al grupo La Grande –que entonces dirigía el trompetista Elías Lópes– estuvo acompañado con la propuesta de participar en la grabación de un disco. La cita fue en la ciudad de Nueva York, donde grabó los temas “Busca lo tuyo”, “Satisfacción” y “Tu indiferencia” (esta última de su autoría). Estas melodías quedaron consignadas en el álbum “We Love New York”.

La participación de Gilberto Santa Rosa con La Grande duró dos años y desde sus comienzos su estampa fue reconocida por la prensa como “la revelación musical del año”. Entretanto, alternó su tiempo grabando jingles para firmas comerciales como Sello Rojo, Budweiser y Bore Warner.

Al mismo tiempo, participó con las agrupaciones de Don Perigñon y la orquesta Fantasía Boricua de Manolito Rodríguez, experiencias que le ganaron un sitial valioso en el seleccionado grupo de salseros que formaron la Puerto Rico All Star, donde brilló en la grabación del tema “Homenaje a Eddie Palmieri”.

El año 1979 marcó una etapa importante en el desarrollo profesional del cantante al ser reclutado por el maestro Tommy Olivencia para formar parte de su orquesta La Primerísima.

Sus primeras comparecencias con Tommy Olivencia fueron casuales y las hacía en sustitución del cantante Simón Pérez, cada vez que éste no podía comparecer a sus compromisos. En cambio, su buen desempeño en la agrupación le ganó una oferta para integrar formalmente el grupo y trabajar en su nueva producción discográfica interpretando los temas “Como sube la gasolina” y “Rumba a los santos”. Gracias a esa experiencia, Gilberto Santa Rosa tuvo la oportunidad de compartir tarima con el veterano sonero Chamaco Ramírez, así como con el entonces novel salsero Frankie Ruiz.

En mayo de 1981, y mientras cursaba su primer año en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, aceptó el ofrecimiento del líder Willie Rosario para integrar su agrupación junto a los vocalistas Bobby Concepción y Antonio Eladio (“Tony”) Vega.

Esa experiencia musical junto al reconocido “Míster Afinque” fue determinante para el cantante, siendo ésta la plataforma para su gran proyección como salsero y con la que logró la aceptación popular con éxitos como “Lluvia” y “Botaron la pelota”.

Este es el momento en que Gilberto Santa Rosa alcanzó madurar su voz y cohesionar su estilo de sonero de barrio, permaneciendo durante cinco años con la portentosa banda y dejando una huella musical indeleble en seis producciones discográficas que son clásicos indiscutibles del cancionero popular.

Sus inquietudes profesionales, en cambio, lo llevaron a explorar nuevas avenidas artísticas desde donde pudiera hacer plausible sus proyectos. Así, en 1986 optó por crear su propia agrupación, luego de haber consultado las posibilidades de abrirse camino en solitario.

Así las cosas, la escena musical estaba a los pies del “Caballero de la Salsa”, quien desde entonces se asumió como heredero de la tradición salsera y protagonista del nuevo tiempo que definió el futuro del movimiento salsero.

Gilberto Santa Rosa comenzó su experimento como líder de orquesta a la sombra de la empresa Combo Records, con la que produjo los discos “Salsa en movimiento”, “Keeping Cool”, “Good Vibrations” y “De amor y salsa”.

Más en 1990 sus posibilidades en el mercado se ensancharon tras firmar un contrato con la multinacional Sony Discos, junto a la que permanece aún y con la que ha grabado 19 álbumes, logrando, además, las más altas distinciones de la industria.

Su incursión con la familia de Sony, hoy Sony-BMG, arrancó con la producción “Punto de vista”, galardonada por la industria con “Disco de Oro” y “Platino”. A ésta le siguieron “Perspectiva”, “A dos tiempos de un tiempo” –en el que el artista honra la memoria de su ídolo Tito Rodríguez–, “Nace aquí”, “De cara al viento” y “The Man and His Music”, la memoria musical de su presentación en la sala del Carnegie Hall, en Nueva York, acontecida en 1995.

Tras pisar con éxito los escenarios de Japón, a mediados de la década de 1990, y luego de coronarse como una de las figuras más sólidas de la salsa con sendas presentaciones en el Primer Festival Presidente en República Dominicana, el Lincoln Center de Nueva York, el Teatro Anayansi en Panamá y el Anfiteatro de Estudios Universal en Hollywood, el versado cantante lanzó al mercado los discos “Esencia” y, un año después, “De corazón”, trabajos que anteceden la publicación de su “Salsa Sinfónica”, un hermoso proyecto en el que hilvana su música en acordes clásicos y con el que ha pisado las más prestigiosas salas de espectáculos en Puerto Rico y Sudamérica.

A finales de los años 90 publicó “Expresión”, disco que lo hizo brillar en el ambiente musical con las interpretaciones de “Déjate querer” y “Que alguien me diga”, alcanzando, a su vez, dominio en las listas de los Billboards e incidiendo con fuerza en el mercado de Centroamérica y Argentina.

Su zaga de producciones con Sony-BMG continuó con “Romántico”, “Intenso”, “Viceversa”, “Solo boleros”, “Auténtico” y “Directo al corazón”, éste último premiado con un “Grammy Latino 2006” y Grammy Anglosajón en el 2007 en el renglón de álbum Tropical Latino.

A su lista de galardones también se suman, entre otros, los premios “Tu Música” en las categorías de “Cantante de Salsa del Año” y “People's Choice”, y el premio “Orgullosamente Latino”, brindado en 2007 en la ciudad de Chicago. Recientemente fue nominado a la Sexta Entrega de “La Musa” del Premio Oye! de la Academia Nacional de la Música en México.

Nadie duda que, a la sombra de 30 años de carrera musical, la presencia del “Caballero de la Salsa” sea imponente en los escenarios nacionales e internacionales. Su trabajo ha sabido deslumbrar con veteranía, reafirmando su capacidad artística al pasearse por la interpretación de salsa, guarachas, mambos, boleros y baladas.

Hoy, a sus 45 años de edad, el avezado salsero, quien ha resaltado en sus andanzas sonoras la obra del insigne Tito Rodríguez, goza de una voz más madura y luce un control deslumbrante de su proyecto musical.

Su faena artística lo coloca como una de las figuras más prolíficas del arte popular caribeño, logrando despuntar también como actor de teatro, escena con la que se ha ganado el favor de su público desde su primer aparición en 1990 con la obra “La pareja dispareja”, hasta su incursión en 2004 en el rol protagónico de la pieza “La verdadera historia de Pedro Navaja”.

Gilberto Santa Rosa, que fue el primer salsero puertorriqueño en transportar el género a la principal sala de espectáculos de Puerto Rico, el Centro de Bellas Artes de San Juan, es la figura de la salsa que ata el eslabón de dos generaciones que se encuentran en la carrera persistente de mantener vivo el sonido auténtico del género. Su gran valor es su humildad y su serio compromiso con el buen arte. Su mayor fortaleza, en cambio, su afán por ofrecerle siempre al público melómano un producto musical refulgente y colmado de indiscutible calidad sonora.

 

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