El
Changüí soy yo
Fuente:
Por Ricardo Alonso Venereo
para El Habanero
Cuarenta
años de vida profesional, de ellos 29 con el Charangón de su hermano Elio Revé,
es suficiente carta de presentación para este músico: Odelquis Revé.
Odelquis
le ha dado la vuelta al mundo, expandiendo nuestra música cubana en la fuerza
de sus manos, golpeando rítmicamente sobre el cuero de las tumbas y los batás,
a los que ha hecho rugir en cantos, rezos, danzas y, sobre todo, extrayéndoles
el verdadero Changüí guantanamero.
"Yo sigo la
tradición de Revé, él puso al Changüí en el lugar donde debe estar. El tuvo
el mérito de incorporarle nuevos instrumentos, pero sin dejar de hacerlo desde
su misma raíz, aquella que viene del campo, y que se hace a guayo, bongó, marímbula
y tres, y tiene su forma peculiar de cantar, de interpretar un guaguancó, una
rumba, que está lleno de contratiempos y quizás por eso es difícil de hacer,
pero es muy rico en sonoridades. A pesar de ser un género auténtico, típico
de la zona oriental, al Changüí le falta mucho todavía por explotar."
Hoy, Oderquis Revé
Calderín con su propia orquesta -creada en 1998- , perteneciente al Centro
Provincial de la Música Antonio María Roméu, premia tanto al público cubano
como al internacional con su música, esa que le corre por sus venas como sangre
y oxigena, con su querido Changüí, hasta el delirio.
Odelquis es
esencialmente un changüisero, aunque interprete todos los demás géneros
cubanos, o en cualesquiera de los Festivales de Jazz o de Salsa en los que ha
participado, toque reggae, latin jazz y mezcle otros ritmos en busca de una
propuesta musical más hecha, más elaborada.
"Cuando uno tiene
un objetivo en la vida, nada te aparta de ello si tus sentimientos son
verdaderos. Mi familia vino desde el mismo año de 1959 para La Habana, pero no
dejamos de hacer aquí el ritmo que siempre nos acunó. En el barrio de Jesús
María, entre rumberos, me enamoré de los tambores, los aprendí e, incluso,
llegué a ser el primer músico en el mundo que tocó los tres batá en una
orquesta, la de Revé, ya que él fue el primero en introducirlos en este tipo
de agrupación. Estudié Mecanización Agrícola y me hice Técnico en Recursos
Hidráulicos pero al final triunfaron los tambores, bueno, la música en
general."
"Ella me ha dado
muchas satisfacciones. La primera, tocar para mi pueblo, después, recorrer casi
todo el mundo y compartir entre otros con personalidades como Tito Puentes, Chik
Corea, Alberto El Canario y Herbie Hancock. Haber grabado 12 discos con el
Maestro Elio Revé y dos con mi actual orquesta ( El Changüí soy yo, para el
sello norteamericano Esvil y Chagüisero de cepa, para el sello cubano EGREM);
tener un premio Grammy anglosajón en el año 2002 por mi participación en el
disco Lamento Negro, de la peruana Susana Vaca, en la categoría de Mejor Álbum
de Música Folclórica; el ser declarado Hijo Ilustre de Islas del Rosario, en
Cartagena de Indias, tener la Medalla del Honor, que entrega la emisora
dominicana Radio Latin y la Medalla Raúl Gómez García aquí en nuestra
tierra. Y ahora durante la próxima edición de la Fiesta de la Guantanamera
-entre el primero de diciembre y el cuatro del mismo mes- me darán el Sello de
la Ciudad y/o La Fama, en el aniversario 139 de la declaración de Guantánamo
como Villa.
Producto Changüí, es
uno de los temas compuesto por Oderquis y que hoy hace con sus músicos, también
están: Rumberos Latinoamericanos, María Belén, que no son de su autoría,
pero forman parte de su repertorio. Estos y otros muchos más deja escuchar en
plazas y parques de toda Cuba porque no hay fiesta o rumba donde se le llame que
no falte y entonces ahí….
"Hago el Changüí
al estilo del Maestro Revé, el me lo enseñó durante muchos años y lo tocaré
fielmente hasta la muerte porque es cubanía. Ya lo dije una vez en Nueva York y
no me canso de repetirlo: "sin Changüí no hay son y, sin son, no hay
changüí."
Con su Mano de Caracole
en la cabeza, su barba y bigote al estilo de los ancianos africanos, sobre todo
de Angola -país con un gran significado para él después de Cuba-, Oderquis
mira el futuro con una mezcla de sueños y realidades que le hacen sentirse un
poco en el deber de alertar -no profetizar- por donde debemos caminar en nuestra
música:" Lo nuestro es nuestro por encima de todo y hay que
defenderlo".
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